domingo, 25 de mayo de 2014

Los enamoramientos



Agosto 2012. De Haarlem no esperábamos nada en especial, y nos enamoró.

Llegamos a través de la exclusa de Spaardam, que separa las aguas del Ij y del río Spaarne. El atraque es en línea, todo a lo largo de las márgenes del río a su paso por la ciudad. Hay
unos pequeños baños al pie del molino, en la orilla opuesta al centro, y una única toma de agua de ese mismo lado. Nos encajamos en un huequecito libre enfrente del molino, ventajas de ser pequeños, aprovechando que el velero a nuestra popa tenía el botalón levantado. Las tomas de luz están bastantes espaciadas, así que tuvimos que conectar toda cuanta alargadera había abordo. Un encargado pasa a cobrar en algún momento del día, sin demasiada preocupación por si nos íbamos a quedar un día o un mes.

La ciudad fue un importante centro productor de cerveza y de tulipán, y en el nuevo mundo dio nombre a un barrio al norte de la isla de Manhattan, en el asentamiento de Nueva Amsterdam, que más tarde fue Nueva York.

Estuvimos muy a gusto. El atraque contra la misma calle, en pleno centro histórico. La imponente iglesia Grote Kerk. La luz de la puesta de sol sobre la superficie del río Spaarne. Sus puentes peatonales, levadizos a base de manivela. Su buen comercio. Los infinitos paseos urbanos. La espesa cerveza local, Jopen (aunque la nevera del barco, que está en las últimas, no le hizo justicia). El mercado en la gran plaza. El sonido del carillón. Y esa librería en la que encontramos a Javier Marías, traducido a neerlandés, en posición central del escaparate: “De Verliefden”, “Los enamoramientos”.

Así que nos dejamos estar algún día más de lo previsto. Descansamos, paseamos, hicimos compra, y alguna reparación en el barco. Y el día que largamos y la ciudad fue quedando atrás, puente tras puente, sentimos ya nostalgia, y la duda interior de si aun no deberíamos habernos regalado otro día más. En efecto, más tarde descubrimos que en Haarlem habíamos dejado atrás la Holanda más apacible y pintoresca de nuestro viaje.

Llueve, pero no mucho. 



Almorzamos en un prado cercado por un paralelogramo de álamos. Las hojas bailaban y susurraban al son del viento en derredor. El río entretanto seguía con sus prisas, y parecía incluso regañarnos por el retraso que íbamos acumulando. El río sabía muy bien a dónde iba, pero nosotros no, y menos aún sabíamos de la prisa […]La prisa es el recurso del que no tiene fe. Allí donde puede un hombre fiarse de su corazón, y de sus amistades, mañana será tan bueno como hoy.
(R. L. Stevenson, Navegar tierra adentro, An inland voyage)

Me di cuenta de que cuanto más me contara más dudas tendría, y de que no lograría salir de allí sin ninguna, es lo malo de dejar que la gente hable y se explique y por eso trata de impedirse tantas veces, para conservar las certezas y no dar cabida a las dudas, es decir, a la mentira. O es decir, a la verdad.
(Javier Marías, Los enamoriamientos)


Exclusa del Spaarne


Haarlem









Grote Kerk


No debería uno contar nunca  nada...




1 comentario:

  1. Tu paso por Holanda me esta enamorando a mi.
    Que maravilla. Conozco el país, pero visto desde los canales me parece mas bonito si cabe.
    Veo que hay muchas posibilidades de navegar por aguas confinadas.
    Un saludo

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